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Desde siglos antes de Cristo, Aristóteles ya se preguntaba qué es la felicidad para el ser humano.
Es fácil creer que somos felices cuando estamos rodeados de posesiones materiales. Pensamos que tener el auto más nuevo o la casa más grande finalmente nos hará felices y contentos. Pero de lo que no nos damos cuenta es que esta felicidad es solo temporal. No dura, y eventualmente nos quedamos con ganas de más.
La verdad es que la felicidad duradera no proviene de las cosas. Proviene de nuestras relaciones, nuestra salud y nuestra capacidad para disfrutar de los placeres simples de la vida. Así que la próxima vez que te sientas deprimido, da un paso atrás y concéntrate en las cosas que realmente importan. Ahí es donde encontrarás la verdadera felicidad.
Esta discusión dura milenios sin una respuesta definitiva, pero lo que es posiblever en la contemporaneidad es la escasez de este sentimiento en la sociedad de

consumo. Este escenario viene dado por la falsa impresión de felicidad que da el consumismo, la lo que se vuelve problemático, porque se desvirtúa el verdadero significado de ser feliz, ya que esto el sentimiento no se puede comprar.
En primera instancia, al analizar los datos de la OMS, que dice que 300 millones de personas
en el mundo sufren de depresión, es notable que la sociedad contemporánea no sea feliz.
La causa de este mal puede generarse a partir de la conexión errónea de la felicidad y el consumo y,
Un ejemplo de ello es la asociación de las reuniones familiares navideñas con el consumo de
Bebida Coca-Cola, que pone el color de su marca en la imagen de Papá Noel y la hace
repiten su lema “Abre la felicidad” mientras una familia cena de fondo. tal propaganda
desde 2009 explica que, en el mundo contemporáneo, la felicidad ha sido puesta en
dependen del consumo, lo que lo hace escaso en su ámbito genuino.
Además, la sociedad está enferma porque no se vive la verdadera felicidad, por su
significa ser pervertido por el ambiente capitalista. Tal como lo planteó Kant, la felicidad es
sentida cuando todos los eventos cotidianos ocurren de acuerdo a la voluntad y
el deseo del sujeto, pero es sabiendo esto que la industria manipula la imagen del producto
convertirlo en objeto de deseo del consumidor. Como lo ilustra la ocurrencia anual de
lanzamiento del mismo coche, con sólo promesas de mejora en
calidad de vida del usuario, para que asocie al nuevo producto la sensación de
felicidad y hacerlo depender del consumo de ese objeto. Así, para la sociedad es
reverberó el significado distorsionado de tener una vida feliz, porque esta interpretación
ser manipulado por el medio actual.
Por lo tanto, la sociedad contemporánea padece la enfermedad de la falta de felicidad auténtica debido a
estar sumergido en la política consumista, lo que crea una impresión ilusoria de este sentimiento
al colocarlo depende de la compra. Así, se distorsiona la verdadera felicidad aportada por Kant,
haciendo que la población del siglo XXI desconozca tal sensación de una manera verdadera, la
lo que deja sin respuesta la pregunta formulada por Aristóteles hace dos milenios.

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